Dinamita Acme

 

el mac como metáfora

 
 

Cuando un ordenador es más que un ordenador

Las cosas muchas veces no son sólo cosas. Es muy frecuente, desde que el hombre es hombre, dar un significado adicional a ciertos objetos: un trozo de tela al convertirse en una bandera, por ejemplo. Las tecnologías, cuando son suficientemente potentes como para transformar radicalmente la vida humana, también suelen dotarse de connotaciones simbólicas.

Así, las tecnologías de la navegación que los griegos adoptaron de los fenicios y que abrieron nuevos horizontes a la Grecia arcaica, se convirtieron en la materialización de una nueva forma de ver el mundo. El barco, en La Odisea, es más que un medio de transporte: es el símbolo de la nueva era de exploración, expansión, crecimiento económico y auge cultural. Representa apertura ante el oscurantismo, esperanza ante la decadencia, y también el riesgo del cambio ante la estabilidad de lo tradicional.

Otro ejemplo es el ferrocarril, que fue visto (por ejemplo en la iconografía soviética) como símbolo de una nueva era de prosperidad -horizontes luminosos, cosechas abundantes y campesinos sonrientes- y también (como en las novelas de Thomas Hardy) como destructor de los valores tradicionales de la sociedad rural.

La informática ha transformado el mundo y parece inevitable que se convierta en símbolo.

Pero la tecnología en sí es algo insulso, neutro, poco sugerente. Para dotarla de un significado ulterior hace falta la imaginación del visionario o el poeta. Alguien como Steve Jobs y Steve Wozniak, por ejemplo, que desde el nacimiento de la informática personal asociaron su invento a valores cercanos al pensamiento utópico. Su cometido no era fabricar máquinas, sino transformar el mundo, una persona por vez.

Su máquina se alejó de la nomenclatura al uso y fue bautizada como Ordenador Manzana. (Las risas de muchos tiburones empresariales habrán retumbado por el distrito financiero de San Francisco.) El nombre, quizá procedente de los Beatles, describía una tecnología que debía parecerse a una manzana: sencilla de usar y de comprender, amable, que se adaptase al ser humano y no hiciera que el humano se adaptara a ella.

Estos dos visionarios, y algunos otros, tomaban como punto de partida la ética de la utopía hippy -que por esa época pervivía en la zona de San Francisco, donde está Silicon Valley- y la trasladaron a la tecnología naciente.

Otros se apuntaron a la informática personal navegando bajo el signo del dólar. Eran otros valores, otra filosofía, otra visión. Y por supuesto tuvieron más éxito.

Cuando una persona opta por un Mac, normalmente no se pone a reflexionar sobre los valores simbólicos de la tecnología. Pero a cierto nivel todos intuímos que el ordenador de la manzanita es algo más que una mera máquina. Todos estamos tomando una postura ética, estética, filosófica ante la revolución digital. Sin necesidad de ser filósofos, algunos sabemos -en el fondo- que el Mac encarna parte de lo que quisiéramos que fuera el mundo.

 
   
 

 

 
 

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