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Hoy casi todos podemos hacer una película, si tenemos algo
interesante que contar
¿Os acordáis del "diseño gráfico por
ordenador"? No hace tanto tiempo, ese término tan pintoresco
servía para diferenciar el diseño gráfico normal
del otro, el que utilizaba herramientas digitales. Sin embargo, si actualmente
dijeras "diseño gráfico por ordenador", te mirarían
de arriba abajo, pensarían que eres un extraterrestre y te responderían:
"Claro, ¿hay algún otro?" Así va a pasar,
creo yo, con los términos "vídeo digital" y
"cine digital": llegará un momento en que no será
necesario el apellido "digital".
¿Vídeo o cine?
Una de las cosas que están cambiando rápidamente es la
definición de vídeo y cine, así como la frontera
entre ambos. Si hasta hace poco el cine era algo que se rodaba y proyectaba
en celuloide y el vídeo algo que se rodaba en cinta magnética
y se veía en el televisor, actualmente esas categorías
están perdiendo su sentido original.
La definición de vídeo no parece inamovible: a medida
que vayan extendiéndose las cámaras con disco duro, por
ejemplo, el vídeo no va a parecerse demasiado a lo que conocemos
hasta ahora.
De igual manera, hay cine que no se filma originalmente en celuloide,
bien sea porque se genera desde el ordenador (Monstruos, S.A.)
o porque se graba en soporte digital (desde el miniDV de 28 días
después hasta la altísima definición de La
guerra de los clones). Bien es verdad que para verse en cine, esas
películas tienen que pasar necesariamente por el celuloide ...
de momento.
Es obvio que los sistemas de proyección digital de alta calidad
no se van a implantar de la noche a la mañana; no es previsible
que los dueños de las salas renueven sus costosos equipos por
amor al arte. Pero sí creo que la próxima generación
de sistemas de proyección va a ser digital. Una vez más,
parece ser que vendrá de la mano de George Lucas, un tipo al
que habría que hacerle un monumento por todas sus aportaciones
a la innovación tecnológica.
La gran pantalla
Si hay que hacer una distinción entre vídeo y cine, quizá
va a tener que ser en función del lugar donde se ve. Si lo ves
en la tele, es vídeo; si lo ves en una sala a oscuras con pantalla
grande es cine. Y digital, todo.
Habrá que suponer que va a pervivir el celuloide, aunque la diferencia
de costes lo convertirá en un lujo para realizadores caprichosos
y muy influyentes. Sin embargo, incluso el celuloide va a tener mucho
de digital, cada vez más, en muchos tramos de la producción
y posproducción. Cine digital, pues, será todo.
Calidad
El hecho de que hoy en día todos podemos acceder a papel y lápiz
no quiere decir que todos seamos Cervantes. La revolución digital
significa que se hará más cine, pero mucho de él
será mediocre. Pero también se abrirán las puertas
a los verdaderos artistas y a unos pocos genios que hace unos años
habrían tenido más obstáculos.
En algunos entornos, todavía se entiende que cine de bajo presupuesto
es igual a cine cutre. Incluso en algún festival dedicado al
cine digital, la pésima calidad en los sistemas de proyección
y de sonido parece avalar esta visión de mediocridad. El reto
está precisamente en lo contrario: en demostrar que se puede
crear (y proyectar) contenidos de altísima calidad con los nuevos
recursos que nos brinda la tecnología.
A vueltas con la revolución
Se ha hablado mucho de "revolución" digital. Obviamente
algo fundamental ha cambiado muy rápidamente, lo que parece corresponderse
con la definición de "revolución". Hoy, cualquier
persona con una buena historia, si realmente se lo propone, puede acceder
a la tecnología necesaria para hacer una película de altísima
calidad. Esto era impensable hace apenas cinco años.
Todavía hay un embudo que impide que podamos hablar de democratización
plena: la distribución. El sistema en torno a la televisión
y las salas comerciales no permite que todo el que tenga una buena película
pueda darla a conocer.
La banda ancha, a medida que se vaya haciendo una realidad, puede dar
un vuelco a esto, aunque de momento no parece que una película
en internet, del tamaño de un sello de correos, pueda considerarse
cine o vídeo, sino más bien su pariente pobre. Pero todo
se andará.
No sabemos dónde va a acabar todo esto, aunque sí parece
más posible que nunca que se cumpla la predicción de Jean
Cocteau: "El cine sólo se convertirá en arte cuando
sus materiales sean tan baratos como un papel y un lápiz".
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