Dinamita Acme

 

11 de marzo

(publicado originalmente en macuarium.com en marzo de 2005)

 
 

Tras los sangrientos y absurdos y quizá evitables atentados del 11 de marzo de 2004, había algo que nos pedía que todo se detuviera. Nos pasa cuando muere un ser querido: ¿cómo puede continuar la vida? ¿Cómo pueden seguir funcionando los autobuses, la gente seguir yendo al trabajo, las tiendas seguir ofreciendo sus productos como si no hubiera sucedido algo terrible? ¿Cómo puede la gente seguir riendo, yendo al cine, saliendo con los amigos? Después del 11-M, ¿cómo nos podemos preocupar por cosas tan banales como el MacOS o el nuevo iPod?

Algo parecido se preguntaba Joseph Conrad, en su prefacio a Victoria, una novela de barcos, islas y tierras lejanas, cuya publicación coincidió, por casualidad, con el comienzo de la sangrienta, absurda y evitable Primera Guerra Mundial (desencadenada por un acto terrorista). Ante la masacre, se preguntó si tendría sentido publicar su novela o si, por el contrario, resultaba algo banal. Su conclusión:

"El Hombre inmutable de la historia es maravillosamente adaptable, tanto por su aguante como por su capacidad para distanciarse. (...) Si de repente sonara la trompeta del Juicio Final en un día hábil, el músico sentado al piano seguiría interpretando su sonata de Beethoven, y el zapatero ante su banco de trabajo mantendría hasta el final su confianza intacta en las virtudes del cuero. Y sería perfectamente correcto que así fuera."

Ante las tragedias incomprensibles, el recurso que le queda al ser humano es primero rendir un respetuoso tributo a sus muertos, y luego seguir interpretando a Beethoven, seguir fabricando zapatos, seguir escribiendo y leyendo novelas, seguir viviendo.

Las elecciones del 14 de marzo fueron, entre otras cosas, un acto de catarsis. Cada votante sintió que retomaba su vida, sus sueños, sus aspiraciones. El 14 de marzo todos volvimos a la normalidad, sin olvidar a los muertos ni sepultar la indignación, pero dispuestos a seguir adelante.

Quizá, en ese sentido, la mejor respuesta al terrorismo sea bajarte una canción en MP3, solucionar ese problema que tenías con el disco duro o instalarte la nueva versión de InDesign. En otras palabras, volver a la normalidad, negarnos a que los terroristas nos roben nuestra vida, por muy insignificante que parezca.

El terrorismo, por definición, tiene como objetivo sembrar el terror, el desconcierto, el desánimo en la población. Por tanto, un año después, la mejor venganza ante el terror sigue siendo la normalidad.

 
   
 

 

 
 

volver a la página principal